Respeto

Llevamos todo el Mundial viendo este anuncio:

Cualquiera de nosotros recuerda cientos de cosas así. Actuales y pasadas. Pero esta me ha llamado la atención, ya sabéis. Juguemos a reconstruir el proceso mental del creativo: Reina es famoso por los chistes de “¡Camarero!, etc.”. Como Reina, portero de la Selección, también lo es del Liverpool, pongámosle en plan director de orquesta, a guiar a The Kop, la conocida y animosa grada de supporters, en el propio Anfield. Ya tenemos gracieta de “¡Camarero!” + fútbol + Liverpool y la ecuación tiene que dar San Miguel. Los Beatles están jodidos. El tipo bucea en la discografía del grupo hasta que encaja el nombre de la marca en Michelle. Ahora sólo queda inventar el ripio de respuesta al camarero.

Esta vez no vamos a hablar de lo que supone esa grada y ese estadio, aunque, yo personalmente, nunca más me impresionaré cuando les escuche cantar You’ll Never Walk Alone. No podré evitar imaginármelos tratando de decir “queso roquefort partido”. Los tiros van por otro lado.

Parece que nos hemos perdido en el debate sobre los derechos de autor, del artista, del consumidor, de la discográfica, de la productora, del diseñador de la portada, del tipo que pone la grapa. Pero, ¿la obra no tiene ningún derecho? Vale que no haya nadie que lo reclame, quiero decir, que lo defienda sin que pretenda sacar partido, pero la obra en sí misma debe de tener alguno, aunque sólo sea como objeto de derecho, ¿no? Al menos creo que debería tener uno: El derecho a su integridad. El derecho a no ser arbitrariamente seccionada, desarticulada y vuelta a montar con piezas de segunda mano. A que las nuevas generaciones la conozcan tal cual se concibió y no en un tonto anuncio con letra prestada.

La culpa es de todos, como suele pasar. Unos pillan los derechos fonográficos (estos seguro que están bien estipulados), otros los royalties y la fama. Los demás, si el invento tiene fortuna, nos limitamos a repetir la gracia como autómatas.
Eso algunos, la mayoría. Otros se niegan en redondo y se ponen en plan borde. Hace unos años, una agencia creó un spot para Audi con una canción de Tom Waits:

Y la canción original en Spotify:

Tom Waits – Innocent When You Dream

Antes de producir el anuncio, como Dios manda, se pusieron en contacto con la discográfica de turno para abonar los correspondientes derechos. La discográfica contestó que el señor Tom Waits nunca cedía sus canciones con fines comerciales. A ningún precio.

El creativo, o el cliente, alguien muy resuelto y con poder, decidió que no usarían la canción de Tom Waits, si no que harían un cover. En jerga, una versión clonada del original, hasta con un cantante que imita al auténtico, como un showman de la tele, pero en serio. Y así se emitió el spot.

La discográfica asegura que fueron alertados por fans extrañados de que su ídolo se hubiera vendido, pero no veo a los seguidores de Tom Waits tan activos. Al final, la agencia fue demandada y condenada. El juez le obligó a retirar el spot, a indemnizar con 36.000 euros a la casa de discos y con 30.000 a Tom Waits por violación de sus derechos y daño moral. Lo de oírse imitado en una canción no te debe de dejar bien. En cualquier caso, una sentencia justa que no lograba compensar la injusticia. La indemnización final se acerca mucho a lo que la agencia hubiera tenido que pagar para contratar la canción si Tom Waits hubiera accedido. Y la orden de retirada se dictó cuando el spot ya no se emitía.

Otros llevan más lejos la defensa de la integridad de la obra. En marzo pasado, Pink Floyd consiguió una sentencia histórica. La banda considera sus discos como obras completas, no como una sucesión de canciones. “Álbumes sin fisuras”, dicen. Allá ellos, es su rollo. Su casa de discos, EMI, comenzó a vender sus canciones por Internet a tanto el tema y el grupo les denunció para impedirlo. Y lo logró, aunque fuera a costa de retirar The Wall de iTunes. (Comprenderéis que no ponga un vídeo de Pink Floyd. Tendría que colgar el Dark Side of The Moon entero y os perdería).

Con sacrificios y victorias pírricas, pero en ambos casos, al final se impone la voluntad del creador. Y, sinceramente, creo que a falta de mejor definición, me parece el más indicado para velar por la integridad de su obra. Para decidir si se puede usar y cómo se puede usar.

Porque hay una tercera vía. Siempre la hay. A veces un creativo, trabajando muchísimo menos que nuestro primer protagonista, da en el clavo de cómo usar una canción. Y contacta con un artista preocupado por su obra, marchoso y enrollado. Y entre todos hacen un anuncio que vende sí, pero que respeta la canción, la hace diferente, manteniéndola en lo esencial. Consiguen que una canción dé un salto entre generaciones. Porque, tal cual se creó, es eterna:

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3 respuestas a Respeto

  1. Por primera vez, vamos a estar de acuerdo con respecto a los derechos de autor, y sobre todo creo que es una cuestión de respeto… nunca más acertado el título de post.

    Sobre todo porque es increíble y mira que yo porque al igual que tú estamos en el sector y a veces no entiendo como los creativos/publicistas insultan la inteligencia del consumidor.

    Ya no por hacer adaptaciones bananeras de canciones o buscar soluciones ante los requerimientos de si o si de un cliente.

    Pero como podemos tener a veces tan poco respeto y hablo en primera persona, porque estoy en este colectivo y me reprocho lo que hacen otros para no pecar de lo mismo. De coger y hacer un anuncio de Alfa Romeo con una reconocida actriz, y la voz en off y trama del anuncio es prácticamente idéntica a la del Spot de Fnac.

    O sin irnos muy lejos tampoco, coger el anuncio de un coche recientemente que sale un niño de 4 años con la voz en off y con el mismo tonito de anuncio sarcastico de mixta…

    o plagiar los videos con más éxito en Youtube para hacer los anuncios de telefónica y su hola que tal.

    Pero para no alargarme y sobre todo no desviar el tema, es verdad que no tenemos respeto en muchas ocasiones por el trabajo de otros y los derechos de los mismos, en España somos muy dados al sistema CyP (Copia y Pega).

    Pero también es cierto que algunas veces los propios autores se vuelven “majaras” porque lo ponen difícil a la hora de usar su obra, porque ponen unas tarifas / derechos que son absurdas.

    Y sobre todo porque quien vela por sus derechos, en lugar de tener una buena agencia de Marketing y Comunicación siguen con los métodos de cuando quienes la dirigen se hicieron famosos (la época del tío Paco… y la SGAE).

    Porque si un anunciante paga los derechos para el Spot, la radio paga derechos de retransmisión, la peluquería paga los derechos por tener la radio en marcha y el cliente paga canon más su corte de pelo… Se van a pagar 6 veces por lo mismo, y lo peor de todo, el artista en cuestión cobra esas 6 veces.

    Principios básicos del respeto, lo que no quieras para ti no lo quieras para los demas, pero sobre todo trata de igual a igual con quien tratas, porque si tu le tratas como subnormal o sin respeto, puedes recibir el mismo trato.

    Me gusta tu blog, ánimo y a ver si te animas a seguir publicando cosillas…

    Un abrazo el ropero 2x2x2 de la oficina jejeje

  2. Maxi dijo:

    Blog recien decubierto….Blog que seguiré con atención!

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