Al Caíd no le gusta

¿Qué demonios pretendían estos seis soldados israelíes de patrulla en Hebrón?

La versión oficial, su versión ante los superiores, es que celebraban el final de su servicio militar. Sin duda esto ya es una buena excusa. En Israel, el servicio militar es obligatorio para todos los ciudadanos y ciudadanas al cumplir la mayoría de edad, tres años para los hombres y 21 meses para las mujeres y sólo se accede a estudios universitarios con el servicio cumplido. Más que bailar, deberían haber quemado el uniforme. Pero no pueden. Cada año, hasta que cumplan 45, deben reincorporarse al ejército entre 30 y 45 días. Y no es un servicio militar de maniobras con fuego simulado y tanques de pega. Estos seis soldados patrullaban por el casco viejo de Hebrón, una de las zonas más peligrosas del planeta, sobre todo con el terno del Tzahal. Además, como dicen para alimentar al Golem, viven “rodeados de 200 millones de enemigos”.

¿Pero los soldados sólo tenían esa pretensión? Su baile ha puesto de acuerdo, por primera vez desde 1948, a israelíes y palestinos. La autoridad palestina (perdón por el oxímoron) se ha escandalizado ante una nueva provocación sionista, ante la carencia total de respeto de los militares invasores. Las autoridades del ejército israelí (perdón por el pleonasmo) han tratado de disculparlos, pero el general Yaacov Amidor ha asegurado que “su actitud fue un error y por ello deben ser castigados”. Por mi parte, sólo tengo un reproche que hacerles: no haber utilizado para la coreografía la canción que les sirvió para denominar el vídeo.

The Clash – Rock The Casbah

A lo mejor los seis muchachos querían poner en evidencia a su ejército, a su estado; sabedores de que los mandos militares reprobarían su actitud con el mismo empeño con el que semanas antes justificaron la desproporcionada violencia de los otros soldados que abordaron el Mavi Mármara y mataron a nueve activistas pro-palestinos. O demostrar cómo el R&B de Ke$ha desquiciaba a los líderes palestinos, con la boca llena de justicia, autodeterminación y libertad para su pueblo, pero que en cuanto pueden dan rienda suelta a su innata tendencia a imponer la sharia.

Una cosa es segura. No pretendían acabar con la guerra gracias a su baile. Son adolescentes con entrenamiento militar y nada más, pero ni aun así pueden ser tan ingenuos. Ellos saben que la música allí la ponen los katiushas y las uzis. Y desde fuera sólo percibirán gritos lejanos, estériles voces de protesta, alguna en forma de canción:

Ellos saben bien que no pueden parar una guerra con una canción. Que no se desatan los odios larvados ni los intereses creados con una coreografía. Que Netanyahu y Abbas no se unirán a su baile. Que Barenboim es un loco. Conocen de primera mano la situación de la población civil israelí, víctima de la terquedad y el militarismo, atormentada por la posibilidad de salir a comer una pizza y acabar hecho pastrami. Además, en tres años de patrullas han palpado la situación del pueblo palestino, rehén de Hamás y Fatah, condenados a la miseria por el bloqueo de Israel. Saben que no podrán parar el negocio de la violencia, la siniestra hipocresía y las carnicerías políticas. Ellos saben que eso sólo sucede en las películas:

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Al Caíd no le gusta

  1. Champ dijo:

    Esa secuencia de ‘Caminos de gloria’ es brutal. A uno se le olvida que esa película TAMBIÉN la hizo Kubrick.
    -e

  2. Ya sabes: Una obra maestra por género.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s