Diego A. Manrique

Mis primeros contactos con la música no fueron tanto oídos como leídos. A finales del 86, el diario El País comenzó a editar un coleccionable llamado La Historia del Rock. Cada semana, dentro del suplemento dominical, un fascículo recogía artículos de los mejores periodistas musicales en los que desgranaban estilos, artistas, discos y canciones, desde los años cincuenta hasta la actualidad de entonces. Recuerdo cada mañana de domingo despertarme con la inquietud del nuevo número, que siempre se anunciaba en la última página del anterior, ir al kiosco a primera hora y ojear la entrega en el camino de vuelta.

Aquel mismo domingo leía las partes que me parecían más interesantes y a media tarde escuchaba el programa de dos horas de la desaparecida Radio El País, en el que ponían música a aquellas palabras y fotos. Durante las tardes del resto de la semana completaba la lectura, absorbiendo nombres, títulos, fechas, corrientes, imágenes. Sólo después, extraía las páginas del resto del dominical con el mimo de un neurocirujano y guardaba el fascículo junto con los anteriores. Así hasta reunir las 56 entregas que encuaderné en las tapas que editaron con un bonito dibujo de Max. De paso, también me aficioné a leer periódicos.

Aún lo conservo y, probablemente, es el último libro del que me desharía. Es absurdo enumerar los grupos y solistas que conocí gracias a La Historia del Rock de El País. Basta decir que descubrí todo lo que merecía la pena y que desde ahí fue sencillo profundizar y conocer por relación nuevos músicos y nuevas músicas. He abierto el volumen al azar y he elegido uno de los grupos que sale en el capítulo que ha aparecido. Uno de los tantos que llevo 24 años disfrutando:

Diego A. Manrique fue el director de todo esto. Seguramente por esa deuda que contraje con él, le considero el mejor periodista musical español. Desde entonces le he seguido con mayor o menor fidelidad, pero siempre he confiado de su criterio. Hace unas semanas fue despedido de Radio Nacional, donde dirigía El Ambigú desde hacía 20 años. El periodista dio su versión y la emisora la suya, contrarias, obviamente. Insisto en que nunca he tenido motivos para dudar de la palabra de Diego A. Manrique y en mi vida oí hablar de los directivos de la emisora pública que tomaron la decisión, así que tengo claro de parte de quién estoy.

No sólo por eso. En tres largos años de crisis he visto ya tantas cosas, que el despido de un gran profesional con dos décadas de desempeño en la empresa, con valía, criterio y el respeto del gremio casi ni sorprende. A eso hemos llegado. Lo he vivido en mi entorno cercano y en carne propia. Empresas con beneficios que despiden a la mitad de la plantilla, sin importar antigüedad o profesionalidad. Y mucho más: semanas de vacaciones sin remunerar, reducciones de sueldo bajo amenaza de despido, explotación laboral denominada “pequeño esfuerzo”, cambios de cargo unilaterales, acoso zafio y matonil, despidos durante bajas médicas o por ejercer el derecho a la reducción de jornada y decenas de personas como funambulistas, sosteniéndose en el fino hilo del “¿será hoy?”.

Cualquiera puede completar esta lista, porque cuatro millones de parados dan para muchas historias personales de esta clase, en empresas públicas y privadas. Pero de fondo, subyace que la crisis es real para miles de empresas, pero también sirve de excusa perfecta cuando el empresario, o el mando intermedio de turno, quiere deshacerse de un profesional por simple antojo o reducir su masa salarial para garantizarse el bonus. Y te surgen dudas del tipo, ¿cómo puede el “despido barato” ayudar a solucionar la situación si siendo “caro” pasan cosas así?, ¿de verdad, en una crisis, una empresa sale ganando si prescinde de empleados competentes con sueldos acordes a su aportación y confía en personal más barato y menos cualificado o en eventuales?

Diego A. Manrique abrió por última vez El Ambigú el 22 de julio. RNE, con evidente caradura y cinismo, emitió programas grabados durante algunos días más. En una de estas ediciones enlatadas, Manrique pinchó una canción de Bob Dylan que entonces parecía premonitoria y ahora suena definitoria:

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4 respuestas a Diego A. Manrique

  1. Esther dijo:

    Felicidades por el post!
    Esperemos que esta “crisis” empiece a dejar alguna semilla buena sino en las empresas en cada uno de nosotros.
    Besos

  2. Uno que pasaba por aquí dijo:

    Que bonita historia Hugo. Debe ser leída por “tu” Diego. Le haría muy feliz.

  3. melanie dijo:

    RadioElPaís. Ni me había vuelto a acordar hasta que lo he leído aquí. De golpe, me he visto sentada en el suelo de mi cuarto con mi radiocasette (que nunca fue de doble pletina, cachis, pero al que tampoco nunca llamé loro), escuchando esa emisora. Gracias, Hugo. Yo también creo que Diego A. Manrique ha sido otro de los tantos profes que hemos compartido, aunque sospecho que en estas cosas de pasta, presiones empresariales y bien de intereses por ambos lados no conviene creerse nada. Un beso.

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