Gitanos

Ilustración: Jabos.

Más o menos a la edad de 13 años, todos aprendemos que hace más de dos siglos se desencadenó una gran revuelta popular en París que tenía un fundamento claro: Que las personas fueran valoradas por lo que hacían, no por lo que eran, por sus méritos no por su nacimiento. En las últimas semanas, los acontecimientos ocurridos en Francia alrededor de la población gitana de origen rumano nos han demostrado algo que ya sospechábamos: Nicolas Sarkozy jamás tuvo 13 años.

El presidente de la República Francesa ha empeñado gran parte de su política en el objetivo de expulsar del país a los gitanos rumanos. En principio, el gobierno galo trató de maquillar su iniciativa y aseguró que no habría expulsiones colectivas, que sólo afectarían a los gitanos que hubieran cometido delitos. Sin embargo, muy pronto se descubrió la falsedad del argumento y cuando fue censurado por la Comisión Europea, Sarkozy no se arredró y contestó con proverbial chulería.

No cabe duda de que Sarkozy ignora el espíritu del “Libertad, Igualdad y Fraternidad” revolucionario. Y si desconoce eso, no resulta sorprende que tampoco sea capaz de ver a los gitanos como nada más que una amenaza. Su peinado o su baja altura de miras, impiden que entre en su cabeza la idea de que quizá en alguna de esas deportaciones, estaba expulsando a un Django Reinhardt, el célebre músico de jazz de los años treinta, gitano belga pero residente en un campamento cercano a París, que creó el jazz manouche, un estilo tan francés como la chanson o el can-can. O a un Minaldo, el guitarrista gitano interpretado por Tchavolo Schmitt en la película Swing, que descubre a un muchacho perfectamente francés la pasión por la música y, de paso, la pasión por la vida y la pasión a secas. O quizá, Sarkozy no es un ignorante, si no un tipo retorcido que piensa confiar esa misión a la Bruni:

El caso es que antes de que pudiésemos preguntar cuánto tardaríamos en importar la idea, como solemos, surgió la respuesta.

Muy a menudo escucho dos clases de argumentos de calado en contra de los gitanos: “Mi prima vivía al lado de un edificio de protección oficial que otorgaron a gitanos. Cuando llegaron, arrancaron las ventanas y las tuberías para venderlas como chatarra e hicieron hogueras con las puertas”, y “es que son ellos los que no quieren integrarse”. Tratar de rebatir la primera afirmación me parece absurdo. Mejor que lo hagan los números.

En cuanto a la segunda, su “no integración”, una vez más es la música el mejor ejemplo, la mejor vía para demostrar que el camino de los prejuicios, además de falsear la realidad y dañar a la víctima, también perjudica a aquellos que los sostienen.

Muchos serán seguidores de Estopa o Melendi, llenarán sus conciertos y comprarán (o más bien, piratearán) sus discos en manada. No sabrán, o no querrán saber, que sólo son malos imitadores de un gitano que en los sesenta se inventó un género musical:

Porque  miembros de esa etnia que no se integra, fueron capaces de mezclar sus raíces con otros estilos que sonaban a su alrededor y así hacer discos que continuamente ocupan los primeros puestos cuando la crítica especializada se pone a establecer clasificaciones.

El disco que suele encabezar estas listas, fue fruto de la unión de dos hermanos gitanos y un catalán. Raimundo y Rafael Amador, junto a Kiko Veneno, elaboraron una obra esencial en la música española. 33 años después, Veneno se mantiene como referencia y se ha reeditado este año en vinilo con excelentes ventas:

Muy cerca del número uno está otro álbum hecho por gitanos e igualmente incomprendido en su día, pero indiscutible obra maestra hoy. La Leyenda del Tiempo de Camarón de la Isla. Junto a otro gitano, Tomatito, cambió los esquemas de la música popular en este país. No sólo del flamenco, también del pop, de la fusión. El impacto de Camarón es tal que se convirtió en un referente de España en el extranjero, como la bandera o el toro de Osborne.

Por supuesto, hay más. Cualquiera recuerda decenas de nombres de gitanos que representan una parte importante la cultura española. Pese a “no integrarse”, su influencia se extiende a tipos de música muy diferentes. Incluso al hip-hop. Si este estilo nace como expresión de las minorías marginadas de EE UU, parece lógico que el mejor grupo español del género lo compongan un gitano y un lisiao.

Sin embargo, aún queda esperanza. De momento aquí parecemos ser más conscientes de lo que los gitanos nos pueden aportar. A lo mejor algo hemos aprendido desde que Federico García Lorca dejara estos versos en su Romancero Gitano:

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.

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Una respuesta a Gitanos

  1. No sé si tanto. Pero desde luego nadie ha hecho más por el flamenco que el pueblo gitano.

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