La Marca España

Hace unas semanas mantenía una conversación con unos compañeros. No recuerdo por qué, pero salió a colación Parálisis Permanante, el siniestro grupo de La Movida. Surgido, como muchos otros en la época, de la desmembración de otras bandas, el núcleo de la banda estaba compuesto por Ana Curra y Eduardo Benavente. Benavente fue una de las mentes más inquietas y determinadas de una época en la que abundaba esta actitud. Con menos de veinte años, ya había formado parte de distintos grupos con compañeros como Nacho Cano (¡¿?!).

Con Parálisis Permanente tomó la responsabilidad de liderar una banda. Su aspecto frágil e inquietante se ajustaba al sonido de un grupo que suponía una ruptura con el panorama de La Movida. Porque pese al nombre, muchas cosas los diferenciaban de sus compañeros de generación. Por ejemplo, Parálisis Permanente sí daba importancia al sonido y la correcta ejecución instrumental, sobre todo por parte de Ana Curra, alumna del Conservatorio de Música. Además, sus canciones podrían perfectamente extrapolarse a lo que se hacía en aquellos momentos en la vanguardia nuevaolera británica. Su canción “Autosuficiencia” es solo meses posterior al “Closer” de Joy Division y su LP “El Acto” es coetáneo del “Pornography” de The Cure. Incluso grupos actuales como The Horrors o Toy, parecen herederos directos de su estilo.

Aquella conversación duró muy poco. Mi pregunta sobre si les gustaba Parálisis Permanente fue recibida con un coro de gestos extrañados. Ninguno de ellos conocía a la banda. Pero, obviamente, no es su culpa. Ninguno de ellos ha cumplido los treinta años y, por lo tanto, no se les puede pedir que conozcan a un grupo que, pese a ser una de las mejores bandas españolas, es perfectamente desconocido para todos los que no lo escucharan en la época.

En los últimos meses oímos con frecuencia referencias a la Marca España, esas cualidades que nos permiten presentarnos como un país acorde al “concierto internacional”, esos aspectos que convierten España en un lugar atractivo, moderno, seguro. Una nación en la que creer, sobre todo en el momento de atraer capitales para la inversión. Una visión a muy corto plazo, sin duda promovida por la necesidad de conseguir dinero rápido y a cualquier precio.

Sin embargo, en el plano cultural y muy especialmente en el musical, la Marca España es otra cosa. Es una incapacidad innata para conservar, proteger y dar a conocer nuestras propias manifestaciones culturales. Y no deja de ser irónico (y muy español, por otro lado) que despreciemos así uno de los pocos campos en los que de verdad podríamos competir con cualquier nación. Y que al mismo tiempo, seamos capaces de asimilar y conservar en la memoria cualquier cosa que venga de fuera, ya sea una obra maestra o una mamarrachada.

Eso es algo que los anglosajones, franceses o italianos conocen muy bien. Ellos procuran presentar a sus artistas como genios, adorar su obra y venderla bien adornada para que pueda ser consumida por personas que ni tan siquiera hablan sus lenguas. Volviendo sobre el tema de las ceremonia de apertura y clausura de los pasados Juegos Olímpicos, Gran Bretaña hizo todo un despliegue para mostrarle al mundo su supremacía en cuanto a música popular, en el medio en el que el mundo se ha expresado durante la segunda mitad del pasado siglo y lo que llevamos de este.

Eso no ocurre aquí. En España estamos más dispuestos para el olvido, en el mejor de los casos. Porque también se nos da bien mofarnos de nuestro propio pasado. Recuerdo muchas ocasiones en las que he tenido que justificar mi afición por los grupos españoles de los sesenta ante las risas de mis interlocutores, que encontraban ridículos los temas de Los Bravos o Los Brincos. Es otro de los síntomas de la Marca España: no tomarse en serio canciones como “Un Sorbito de Champán” o “Si yo tuviera una escoba”, pero luego perder el culo por otra llamada “Si tú me dices Ben, yo digo Affleck”. Y poco nos importa que las primeras fueran canciones equiparables a lo que se hacía en otros países en la misma época y la última sea un pastiche de cosas que ya se oían hace más de veinte años. Da igual, porque en este país desagradecido dentro de una década nadie recordará nada. Y estaremos, otra vez, empezando de cero.

El 14 de mayo de 1983, camino de un festival en Zaragoza, el coche que trasladaba a la banda sufrió un accidente en el que Eduardo Benavente perdió la vida. Al día siguiente, “El País” le calificó, en su breve obituario, como “músico pop”.  Aunque suene a broma pesada, mucho peor es que hoy Eduardo Benavente sea un desconocido y que Ian Curtis, Kurt Cobain o Sid Vicius sean idolatrados y reconocidos por cualquier chaval español.

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2 respuestas a La Marca España

  1. José Antonio dijo:

    Bien dicho!

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