Una calle en Granada

Finalmente parece que el ayuntamiento de Granada va a dedicar una calle a Joe Strummer. La iniciativa partió del diario El Ideal y de una fan page en Facebook, muy activa pero de seguimiento modesto, que se dedicó a propagarla. No sé hasta qué punto el reconocimiento y la memoria de una ciudad reside en el nombre de sus calles, todos conocemos miles de calles de las que no tenemos ni la más remota idea de a quién están dedicadas. Pero el caso es que en Granada han estimado que la aportación del integrante de The Clash a la villa merece esa distinción.

Durante mucho tiempo Joe Strummer fue más importante para mí que Lennon/McCartney y Jagger/Richards, los cuatro juntos. Los primeros discos que realmente escuché fueron de The Clash y a través de su hilo, hacia adelante y hacia el pasado, descubrí cientos de bandas y estilos. Sin The Clash no se entendería gran parte del rock y del pop británico de los últimos cuarenta años. La figura de Joe Strummer es troncal en todo este proceso.

Strummer era un tipo inquieto en todos los órdenes. Su avidez intelectual le diferenciaba de sus coetáneos del mismo modo que su ansia vital le asemejaba. Tenía a Federico García Lorca como uno de sus héroes, tanto en su faceta de escritor como en la de mártir. En 1979 o 1980, según preguntes, apareció el mejor disco de la banda y un elepé esencial en la Historia: London Calling. El primer corte de la cara B, Spanish Bombs, es un  homenaje a los republicanos españoles de la Guerra Civil y a Lorca en particular. Una brillante canción con un español muy deficiente en el estribillo y algunas localizaciones discutibles antes de llegar a la mención de Granada.

Por fin en 1984 visitó la ciudad. Todo lo que ocurrió y las visitas posteriores que realizó a la ciudad andaluza está deliciosamente descrito por Jesús Arias, que se convirtió en su intérprete, cicerone y amigo. Muchas otras páginas de Internet y un reciente documental también lo relatan:

No es de extrañar. El duende de la capital andaluza es buen caldo de cultivo para el arte, sobre todo para los tipos resueltos. Solo así puede calificarse a Miguel Ríos. Te guste o no, el roquero granadino es uno de los grandes de la música española. Él abrió el camino para el rock en castellano, sobre todo desde una perspectiva “industrial”, una grave carencia nacional. Miguel Ríos consiguió un número uno en Estados Unidos con la discutible Himno a la Alegría y fue el primer músico español en hacer macrogiras en grandes recintos, como las bandas extranjeras. Luego ha conseguido mantener una carrera respetable hasta retirarse en elegante fade out. Por el camino había dejado standars como este:

El mismo espíritu revolucionario demostró Enrique Morente. Desde el conocimiento y práctica perfecta de un arte fue capaz de adaptarlo a otros estilos. O mejor dicho, llevar la pureza, la verdad, a otros tipos de músicas. El indie mundial todavía no se ha recuperado de su colaboración con el grupo también granadino, Lagartija Nick. Aunque surgió el purista (o pureta) flamenco enajenado por la tradición, Morente siempre estuvo por encima de eso por puto talento.

No sería justo decir que ninguno de ellos tiene una calle en Granada. Tras preguntar a Google y a Jesús Maroto, un amigo que vive allí, sí hay una calle Miguel Ríos y otra Enrique Morente, pero no están exactamente al pie de la Alhambra. Están concretamente en Belicena, a 15 kilómetros de Granada. Allí comparten espacio con Ana Belén, Serrat o Rosa López en una especie de barrio del artisteo. Solo Carlos Cano tiene una calle en la ciudad de Granada. Y, por cierto, repite en Belicena. Insisto en que dudo del valor elegíaco en el hecho de dar nombre a una calle. Pero no he puesto yo el listón.

Una vez más no es culpa de nadie. Seguro que ambos músicos habrán tenido reconocimientos de todo tipo en su ciudad natal. Pero a nadie se le ocurrió ponerle su nombre a una calle o una plaza. Tampoco ningún periódico, ni movimiento popular a través de las redes sociales ha pedido la calle. Ahora le van a poner una a Joe Strummer. Su aportación a Granada es más bien anecdótica y folklórica, antes de visitarla la metía en una canción con Costa Rica, y después dejó poco más que la producción de un disco a 091, un puñado de amigos y cuarto kilo de leyenda. Nada más.

Que Miguel Ríos o Morente hayan ayudado a poner a Granada en el mapa por lo que realmente es, no parece importante. En España. En este país acomplejado, solo nos sentimos bien a través de los ojos de los extranjeros, no se sabe si cómo causa o efecto del turismo. Mientras, actuamos de modo opuesto con los artistas españoles, mirándoles de lado, como si nos debieran algo. Ese desprecio es lo que hay detrás de la facilidad para olvidar cualquier aportación a nuestra cultura, a lo que en el fondo somos.

Lo mejor de todo va a ser cuando dentro de no muchos años, nadie recuerde a Joe Strummer en Granada. Entonces, un chaval leerá el nombre en el cartel y buscará al tipo en Internet. Y empezará a ver vídeos y fotos. Y flipará.

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