Golpeados por los Beatles

Los primeros rayos de sol caen justo perpendiculares en sus ojos. Cuando baja la visera para protegerse de la luz directa, lleva ya más de una hora conduciendo. En la parte de atrás, Claudia duerme en su silla, con el pijama puesto. A la derecha, su chico también dormita. Antes de quedarse frito, ha puesto el cedé del Volumen 2 de The Beatles Anthology, segundo álbum de la serie de recopilatorios con temas raros, maquetas y ensayos editada en 1996. El disco contiene tres versiones de Strawberry Fields Forever. En la primera, John Lennon ensaya la canción con una guitarra desconectada, la dos siguientes son tomas alternativas que podrían haber sido la final.

No sabe explicar por qué, pero esa canción siempre le ha removido. Ha provocado algo en su interior que le emociona, tanto que hace que las lágrimas broten de sus ojos. No es efecto del sol de plano, porque lo siente en todo el cuerpo. Es cierto que el momento también ayuda. Salen de vacaciones con destino Almería, al Cabo de Gata. 15 días de sol donde nada es real y nada te hace perder el tiempo.

Pero todo se acaba, y recién llegada a Madrid, en busca de estirar más el tiempo libre, queda en casa de un amigo. Cuando llega, está viendo una tonta película, Across The Universe, uno de tantos productos comerciales que intentan destacar por la vía fácil: usar música de los Beatles. Justo cuando cruza la puerta, comienza la escena en la que un soldado canta Strawberry Fields Forever. La coincidencia le hace sonreír. Muy poco después, leyendo sobre la canción descubre que, aunque John Lennon la escribió recordando un jardín de su infancia, en realidad la compuso mientras rodaba How I Won The War con Richard Lester, ¡en el Cabo de Gata! Sí, todo es casualidad, pero la serie de acontecimientos generan una especie de reflejo condicionado, un golpe lleno de alegría, magia. Un golpe que perdurará.

Lo de Donald Draper es distinto. Él es un personaje de ficción. Incluso en la ficción, es un personaje de ficción. Un personaje hecho a imagen y semejanza de una sociedad, de una cultura en la que encaja perfectamente, lo que le permite condensar la sensibilidad de su entorno en ideas y construirlas para captar la atención de todos. Sin embargo, es una situación pasajera, producto de las necesidades de la posguerra. No va a durar mucho tiempo. Y a él le pilla en el peor momento. Ya algo mayor, bien establecido, acomodado. Pero es un tipo listo, se huele que algo va mal. Para rematarlo, vive con una mujer más joven e inquieta. Una veinteañera, sin miedo a los cambios y todo que ganar que, a su modo, intenta que el viejo dinosaurio evolucione. Le regala lo último, lo más en el año 1966, el disco Revolver. Solo en casa, rumiando lo que sucede engrasado con un whisky, decide ponerlo (echadle un vistazo a la escena, que AMC se dejó una cantidad absurda de dinero en derechos para rodarla como debían):

Ahí está él, el símbolo de establishment, golpeado por Tomorrow Never Knows, por una música incomprensible pero turbadora. La mente de los años cincuenta violentada por puro break beat, medio siglo antes de que pudiera asimilarlo. En poco más de tres minutos comprende que no es que las cosas vayan a cambiar, es que ya han cambiado. Ahora un chico canta un salmo boca abajo y la voz es grabada después de pasar por un altavoz, sólo porque quiere reproducir el canto de los lamas desde las montañas tibetanas. Y todo está perfectamente dentro de la industria, porque esa intención llega a millones de personas que compran discos. Los Beatles no tienen libertad creativa, en absoluto. Los Beatles tienen una férrea disciplina creativa, que es muy distinto. Es la misma ley que Draper conoce bien. Pero él sigue respondiendo a los antiguos clichés. En el vídeo se plasma. Dos mundos idénticos, pero diametralmente opuestos. Dos mundos que están en guerra y en el que él milita en el bando perdedor. Cuando, irritado, quita el disco antes de terminar la canción y sale de plano, vemos por primera vez en toda la serie a Don Draper derrotado.

Claudia en cambio no tiene alternativa. Desde que nació, e incluso antes, ha oído canciones de los Beatles. En este proceso, ha ido eligiendo sus favoritas, algo que, como buena fan, va cambiando con el tiempo, con el estado de ánimo o el día. Y así, a veces, tiene que dejarlo todo, cuando es golpeada por uno de sus hits:

En el fondo no puedo evitar sentir envidia por personas como Bea, que declara que odia a los Beatles. Porque solo ellos tienen todavía la capacidad de oír por primera vez muchas de sus canciones. Todavía están expuestos a la conexión que antes o después, siempre logran establecer con sus oyentes. Con aquellos que están atentos a lo que tienen que decir, a su visión de tu vida. Son afortunados porque cualquier día serán golpeados por los Beatles.

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