Dedicado al 1,3%

Estoy seguro de que aún existen chavales así. Chicos de clase obrera que están deseando que su madre les envíe a cualquier recado, solo para poder sisar ridículas cantidades de pesetas (uy, perdón, euros) de las vueltas, que ir juntando poco a poco hasta tener suficiente para comprarse esa casete (uy, perdón, cedé) que tantas veces han visto en el escaparate de la tienda de discos. Muchachos que experimentan una satisfacción indescriptible cuando consiguen el dinero, que sienten cómo sube la emoción al pedir el disco y un escalofrío cuando por fin lo tocan y, en la misma puerta de la tienda, lo desenvuelven y despliegan el librillo interior para ver las fotos, para comprobar si lleva las letras de las canciones, para escrutar cualquier nombre en la producción o los agradecimientos que les permita descubrir una nueva banda. Y por supuesto, el sublime momento de llegar a casa, ponerlo en el equipo y que empiece a sonar esto:


Uy, perdón, quería decir esto:


Mi seguridad en que aún existen muchachos así no es romántica, al menos, no solo. La Universidad de la Rioja publicó la pasada semana un informe sobre Jóvenes e Identidades Musicales, según el cual el porcentaje exacto de universitarios que habitualmente compra discos es del 1,3%. Si extrapolamos la cifra, que para eso sirven estos estudios, y tomamos las cifras el INE de todos los jóvenes en edad universitaria (entre 18 y 22 años), resulta que estamos hablando de 29.683 chavales.

El caso es que el informe ha tenido una considerable repercusión durante los días posteriores a su publicación, no tanto por este dato (sorprendentemente), si no por otros más folklóricos como que los artistas más conocidos sean Melendi, Estopa y Coldplay, mientras que el 72% no conocía a Wilco, el 52% a Radiohead y el 49% a Depeche Mode. Más esperables son otros datos, como el 75% que admite haberse descargado música sin pagar por ella.

La conclusiones del informe hablan de que los jóvenes consideran la música como un elemento importante en su vida (un 30% considera que “no podría vivir sin música”), pero que la viven de un modo superficial, mientras desempeñan otras labores y en muchas ocasiones solo como un elemento lúdico (un 83% asegura ir a conciertos).

Sin embargo, creo que caben otras conclusiones. Prácticamente el mismo día, se publicó otra noticia. En ella se describe la agonía de las escuelas públicas de música en España, arrasadas por los recortes en educación o por la marea privatizadora. Curiosamente, esta información pasó casi inadvertida, quizá porque no exponía ningún dato absurdo, porque cuántos chavales dejarán de aprender a tocar el oboe parece que no puede competir con a cuántos les gusta Extremoduro.

Pero como todo en lo relativo a la educación, el problema va mucho más allá del presente. El problema es cómo se va perdiendo no solo la educación musical, sino también la sensibilidad, la conciencia del esfuerzo, de la creatividad, la dedicación y el empeño que se necesitan para tocar una sola nota. De lo que implica componer y ejecutar una obra musical. De la fuerza y la importancia que guarda esta manifestación artística, de la relevancia que tiene para la cultura cada nueva nota que se genera en el cerebro y se expresa a través de un instrumento o de la voz. Así, no solo es imposible que nadie se sienta mal cuando se descarga una canción o piratea un disco, que comprenda lo que ese acto implica. Así es imposible que ninguna sociedad crezca en ningún sentido.

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3 respuestas a Dedicado al 1,3%

  1. Amén!!
    No obstante, la culpa de la ausencia de enseñanza y afición musical es de todos. No hay sentido estético de la vida. Deberíamos aprender a cultivar el espíritu, eso nos ayudaría a jodernos menos la vida unos a otros.
    Y por otro lado, un poco de escepticismo: algunos de los niños que compraban cassettes o lps hace treinta años, ahora dirigen empresas que hacen EREs sin ruborizarse, corrompen políticos, o se dejan corromper. Aunque puede que esos fueran el 5% de chavales a los que no les gustaba la música (fuente estadística: a ojo).
    Saludos

  2. Pingback: Dedicado al 1,3%

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